me importaba lo que había hecho Hilary: ella era perfecta, en cambio yo no podía decirle a mamá que ningún chico me querría jamás porque en la escuela me llamaban “gorda”. Mamá nunca entendería. De hecho, estaba segura de que respondería: “Por favor, no creas eso, Val; tú no estás gorda”. Pero yo no soy el tema aquí. Es ella: Hilary, mi hermana mayor.
Hilary tenía el cabello rubio, largo hasta la cintura, unos preciosos ojos celestes y la belleza que a mí me faltaba.